Y dentro de lo que cabe, a urtadillas me meto por el callejón. Aún con los pies en cunclillas me acerco al misterioso hombre con una gran chaqueta negra. Él mira hacia los lados y asiente. A lo que yo me aproximo más a él aún en la posición de puntillas. Respiro hondo.
-Lo de siempre. -Le digo con la mítica temblorosa voz en mí.-¿Del bueno?
-Del que dura para siempre.
Y una vez más, la oportunidad de amar a alguien se planta en frente de mí y cómo no, vuelvo a pensar que Rogger sigue timándome.
Mis Complicaciones Favoritas.
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